¿Podría existir un restaurante caníbal?

Al final todo era una broma. La apertura en Berlín del restaurante Flimé, con la supuesta cocina wari del Brasil amazónico, donde se podía comer carne humana, donde podías donar a la comunidad uno de tus órganos, con certificado médico y con la extracción costeada… todo era parte de un montaje de los “graciosillos” vegetarianos alemanes.

La noticia tuvo, y tiene repercusión mundial y, aunque ya ha sido destapado el engaño, todavía existe quien no se ha enterado. Hoy mismo la editorial de Koldo Royo en A Fuego Lento, la dedica a la noticia como si fuera cierta, y habla del personaje inventado como si existiese. Por eso se dice: “calumnia… que algo queda”.

carne humana

Pero supongamos que fuera cierta. ¿Podría la “autoridad competente” impedir que alguien comiera una parte de carne humana de otro ser, que ha sido donada voluntariamente para darle ese uso?

Armin Meiwes, el caníbal de Rotemburgo, mató a su víctima y se la comió tras un pacto convenido. Lo conoció por internet, pero asegura la investigación, que había centenares de personas dispuestas a ser comidas voluntariamente. Afirmó que la carne humana tiene un sabor parecido a la del cerdo y que es muy sabrosa (???).

Vemos programas de televisión con pruebas donde los concursantes comen vísceras crudas de animales, partes putrefactas, insectos vivos…

Es tuya la parte del cuerpo que extirpan? Puedes hacer con ella lo que quieras? Alguien puede impedir que te la comas? Puedes poner fin a la vida del feto que llevas dentro. Porqué no podrías venderlo a un restaurante caníbal: la carnes más tierna, el bocado más exquisito?

Imaginemos otro escenario. Michael Jackson se muere. Ha decidido, es su última voluntad, donar su cuerpo para ser comido por sus seguidores en un banquete “especial” (todo ello con los correspondientes certificados médicos, por supuesto). Estoy convencido que habría miles de pirados dispuestos a hacerlo e incluso a pagar mucho dinero, creyéndose que además, desde ese momento, el cantante formaría parte ellos mismos, o heredarían alguna de sus aptitudes o simplemente lo convertirían en un acto “espiritual”.

Otro ejemplo. Restaurante temático: “La placenta”. Placentas elaboradas de mil y una formas. ¿Ciencia ficción? …

El cocinero Andrés Madrigal, jefe de cocina del restaurante de MadridAlboroque, cuenta en esta entrevista en El País lo siguiente sobre la gastronomía y la placenta de su mujer:

Cuando nació su hija, en Navidad, se comieron la placenta. ¿Guarrería, canibalismo, antropofagia?
Me recordaba al hígado de cualquier animal de caza. Hice placenta en reducción de naranja y le eché caramelo y un poco de pimienta para que desapareciera la hiel y el posible sabor a caza, y la trituré. Como un batido. La comimos entre ocho. En España no es normal, pero sí en el centro y norte de Europa. Tiene muchísimas vitaminas. Y fue algo espiritual.

¿La veremos próximamente en su carta?
Si alguien la quiere traer, yo se la cocino.


En fin, como siempre, la realidad supera a la ficción.

Ya que prohíben hasta fumar en los restaurantes, no podrían prohibir “comer partes del ser humano”, y evitar el vacío legal existente? Más que nada, por si acaso.