Los calçots

calçot

El otro día me apetecía muchísimo comer calçots (estamos en plena temporada). Hace años que los conozco por frecuentar la costa tarraconense, pero me he dado cuenta que todavía hay mucha gente fuera de Cataluña que desconoce el producto y la forma de consumirlo. Cada vez están más extendidos y, de hecho, los degusté en un restaurante de Zaragoza.

El calçot es un brote de cebolla de una variedad blanca tardía que procede de Lérida. Sin embargo fué en Valls donde descubrieron su valor gastronómico (s.XIX). Cuentan que formaba parte de la dieta habitual de los agricultores de la zona.

Se asan a la brasa de sarmientos de vid, aunque también se pueden hacer al horno. Cuando la punta esta tierna, y totalmente ennegrecida, se sirve a la mesa envueltos en papel de periódico y en una teja para que conserven el calor.

Es costunbre en los restaurantes ofrecer al comensal un gran babero para que se proteja la ropa y no se manche al consumirlos, ya que las dedos y las uñas acaban totalmente negros, al ser usados para pelar el calçot.

Una vez despojado de las hojas exteriores, se agarra por la parte superior y se tira hacia abajo para dejar al descubierto la parte interna y más tierna. A continuación se “moja” en la salsa romesco y se come.

Os copio de “Directo al Paladar”, la receta de la salsa romesco. Si tenéis ocasión probar los calçots. A mí, me encantan.

SALSA ROMESCO

Con esta salsa te vas a chupar los dedos, y más si la acompañas con calçots, que se comen con las manos. También suelo utilizarla para el aderezo de la “xatonada”. Cuando la pruebes podrás decidir cuantos platos más puede acompañar.

Los ingredientes
1 cabeza de ajos escalivados, 1 ajo crudo, 100 gr. de almendra tostada pelada, 30 gr. de avellanas tostadas, 4 o 5 tomates maduros escalivados, una rebanada de pan seco y tostado mojado en vinagre, 1 pulpa de ñora o 2 cucharadas de pimentón y sal.

La preparación
Pelamos los tomates y los ponemos en el recipiente adecuado para realizar la salsa, añadimos los ajos escalivados, la sal y el aceite poco a poco mientras batimos.

Añadimos también la rebanada de pan y la ñora o pimentón (puede ser dulce o picante, según tu gusto), el ajo crudo y continúa batiendo hasta que veas que la salsa coja la consistencia adecuada.

Las almendras y las avellanas tienen que estar muy bien picadas en el mortero para añadirlos a la salsa obtenida y remover con una cuchara. Los frutos secos proporcionarán a la salsa la consistencia adecuada.

La degustación
Mojamos el calçot en la salsa abundantemente, al llevárnoslo a la boca nos damos cuenta de que la salsa se ha adherido completamente al calçot y nuestro olfato percibe ya el intenso aroma de la combinación del romesco y el calçot, y empezamos con el ritual.

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