El “sabrage”: abrir con sable la botella de champagne

Dice el protocolo del servicio de un espumoso, que éste debe ser abierto con cuidado; evitando el ruido del taponazo; siempre con su servilleta para evitar derramarlo; a su temperatura adecuada (5-8 C); y servido en copa tipo flauta en dos golpes (para que no rebose la copa), con el dedo pulgar metido en  la oquedad de la botella .

Los soldados napoleónicos no debían tenerlo tan claro y encontraron una manera rápida y espectacular de abrir sus botellas de champagne.El sabrage: apertura con sable del champagne

El sable, era el tipo de espada que caracterizaba a los husares, los oficiales del Ejército de Napoleón.

En el video anterior habéis podido apreciar la técnica. A falta de espada, se puede utilizar un cuchillo grande tipo cebollero. Buscar la costura de la botella y darle un golpe seco al anillo del gollete. Con la presión, sale cualquier tipo de residuo del vidrio y se puede servir con total seguridad. Eso sí, buscar un lugar abierto, nadie enfrente y… quedaros con el personal.

Pero el ritual no estaría completo sin una buena historia que contar. Os dejo tres leyendas acerca del origen de esta tradición, para que selecccionéis la que más os interese en función del entorno y la compañía:

La histórica:

Los oficiales de Napoleón, después de cada victoria, abrían de esta forma con sus sables, las botellas de champagne para celebrar y brindar por sus hazañas de guerra.

La romántica:

Madame Clicquot (todo el mundo conoce la marca de champagne la Viuda de Clicquot), se quedó viuda a la edad de 27 años. Era una mujer hermosa y los oficiales de Napoleón iban a cortejarla a su viñedo de Champagne. Los soldados, para impresionarla, competían entre sí abriendo las botellas y brindando por ella.

La aventurera:

Los oficiales de la marina francesa, cuando apresaban en alta mar un barco pirata en encarnizada lucha, y se hacían con su botín, abrían de esta manera las botellas de champagne para diferenciarse de los piratas, que lo hacían golpeando el cuello de vidrio contra el canto de la borda del barco. Con el sable idearon una manera más noble y elegante de abrirlas y brindar por sus victorias.

Si habéis contado la historia captando la atención de la audiencia; si el sablazo ha salido bien, aunque sea con cuchillo cebollero,… tenéis el éxito asegurado rematando con este brindis de Napoleón:

“¡El champagne!: en la victoria,… lo merecemos; en la derrota,… lo necesitamos”.

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